miércoles, 21 de septiembre de 2011

El colapso de una perturbación mental. La relación entre la incapacidad y anulación mental y la patología

Los episodios de desaparición de niños, así como de su continua violación siempre responden a la misma perturbación y mediocridad. Estos son los en conexión con el altísimo, y utilizo esta palabra en una ironía que de no ser ahora especificada, no fuera acaso siquiera apercibida. Estos son los que envía y estos son. Quienes tienen la necesidad de manifestar públicamente que se creen tal, o que no tienen suficiente inteligencia para detectarlo y por tanto se mueven por creencia, son de la equivalente bajeza.

A continuación transcribo un artículo periodístico al respecto del caso en España, tras el saqueo a la República:


Hasta 1950, ocurrió en las cárceles franquistas y en los hogares de maquis o republicanas: les arrebataban a sus hijos como un método más de la represión. A partir de entonces y durante las cuatro décadas siguientes, el robo o apropiación de niños se perpetraron de forma más sutil. Las madres ya no eran presas, rojas o esposas de rojos, sino mujeres en camisón que intimidadas por un médico, aturdidas por el dolor de haber perdido supuestamente al hijo recién nacido, lamentan hoy no haber insistido más para que les enseñaran el cadáver. Generalmente eran madres solteras, muy jóvenes y con pocos recursos.
Durante el último lustro, aquellos niños dados en adopción se han ido organizando a través de Internet, en un movimiento que ha estallado como un tsunami y ha forzado a la Fiscalía General del Estado a actuar. Aquellos niños -hoy ya hombres y mujeres- buscan afanosamente a sus madres biológicas. "Nos sentimos como un árbol sin raíces, como amputados", confiesa María En una primera fase, en la posguerra, estas tramas de tráfico de bebés tuvieron no solo una cobertura legal, sino el amparo del psiquiatra de cabecera del franquismo, Nicolás Vallejo-Nájera El sociólogo González de Tena, que redactó para el juez Baltasar Garzón un informe sobre el robo de niños, asegura que tras esa primera etapa en la que los bebés eran sustraídos a puñados en las cárceles (hasta 30.000 según el cálculo del juez), llegó una fase que tuvo como víctimas principales a las madres solteras, las jóvenes o las humildes "incapaces de protestar". Superada la posguerra, el tráfico de niños continuó durante el tardofranquismo y la Transición. El nexo de unión entre un periodo y otro, el telón de fondo común, aunque sin conexión entre sí, son tramas formadas por sacerdotes, monjas, médicos ultracatólicos y probablemente jueces y notarios. La mayoría de los casos conocidos se produjeron en clínicas o casas cuna controladas por instituciones como las Hijas de la Caridad.
La poetisa Elsa López recuerda: "Yo di a luz a una niña el 5 de febrero de 1981 en la clínica San Ramón. De repente me dijeron que la niña estaba muy malita, que tenía malformaciones, y me entregaron un envoltorio que parecía un sudario. ¡El bebé estaba helado! Luego me dijeron que había muerto y que no me preocupase porque le habían bautizado y ya era un ángel de Dios". Elsa se enteró al cabo de los años de que en San Ramón se guardaba el cadáver de un bebé en el congelador y sospecha que ese cadáver fue lo que ella vio. Desde entonces está convencida de que le robaron a una hija. Otras veces, las menos, las monjas acallaron a jóvenes madres diciéndoles que habían dado a sus hijos a alguien con quien iban a estar "mucho mejor" que con ellas. El trabajo estaba repartido. Había captadores de padres y captadores de niños. Mujeres con contactos y dinero, adeptas al Régimen, monjas y curas que se intercambiaban información sobre los respectivos "compromisos" adquiridos con las familias adoptivas. Las madres eran llevadas, en algunos casos, a una especie de "pisos patera", como los define González de Tena, donde culminaban el embarazo, y en otros, a las mismas instituciones religiosas donde luego iban a dar a luz. A muchas las coaccionaron durante ese periodo para que entregaran a su hijo, sin darles la oportunidad de rectificar (la ley les concedía un plazo para hacerlo). Alguna arrepentida que intentó recuperar a su bebé luchó en vano durante años hasta estrellarse contra un férreo muro formado por padres adoptivos ricos o poderosos, asesorados por buenos abogados. El Teléfono de la Esperanza fue uno de los canales a través de los que fueron captadas muchas embarazadas, que acabaron cediendo a sus hijos en adopción, obligadas por una sociedad dominada por un fuerte nacional-catolicismo.
El Teléfono de la Esperanza fue creado en 1971 por fray Serafín Madrid, quien un año después murió en accidente de tráfico. Ligada a la Iglesia, esta institución pretendía "prestar soluciones de emergencia ante los nuevos problemas sociales y psicosociales" surgidos en España Enrique Vila, abogado de la Asociación Nacional de Afectados por Adopciones Irregulares asegura que el precio de los niños iba de las 50.000 pesetas al millón. Los demandantes podían escoger si querían niño o niña. Y en el caso de las casas cuna, incluso qué niño o qué niña, pues las monjas organizaban con frecuencia desfiles de candidatos, que eran escrutados a conciencia (pelo, dientes, arqueo de las piernas) antes de elegir. Hasta la promulgación de la ley de 1970, los padres adoptivos podían inscribir a los niños como hijos propios, lo que conllevaba eliminar de un plumazo a la madre biológica y hacer que la madre adoptiva figurase en todos los papeles como la mujer que lo había engendrado en su vientre. Esos son los llamados niños apropiados. En muchos de estos casos intervinieron personas ligadas a la Asociación Española para la Protección de la Adopción (AEPA), una entidad fundada en 1969 por Gregorio Guijarro Contreras, padre adoptivo de dos gemelas y ex fiscal del Tribunal Supremo, con el respaldo del Consejo Superior de Protección de Menores y Cáritas Española. Guijarro declaraba a EL PAÍS en julio de 1979: "Nosotros somos una asociación que ve en la adopción una solución final en esta sociedad cuando los mecanismos de encuadramiento del niño en el ámbito familiar propio no se han logrado". En esas fechas ya se hablaba mucho de la existencia de un mercado ilegal de compraventa de bebés y de adopciones irregulares. Pero Guijarro replicaba: "Esta teoría la potencian muchas veces los propios padres adoptantes con su temor a que se conozca la situación familiar nueva que crea la adopción, aunque actualmente esta empieza a perder su carácter vergonzante. Estos padres, temerosos de que se sepa que su hijo es un niño adoptado, llegan a límites tales como simular un embarazo falso e inscribir al niño adoptado como hijo legal". "En cuestión de adoptantes, un buen fichero está en poder de sor María Gómez Valbuena", encargada del servicio social de la maternidad de Santa Cristina, según aseguraba Guijarro en julio de 1980. En esa fecha, sor María admitía que en solo tres años habían pasado por sus manos 3.000 peticiones de adopción y se manifestaba en contra de que tal proceso fuese gestionado por la anquilosada Diputación Provincial. "Hoy por hoy, y tal como están las cosas, el sistema más rápido y eficaz para conseguir un niño en adopción es meterse en el bolsillo o ganarse la simpatía, de las personas relacionadas directamente con el tema. Asistentes sociales, monjitas encargadas de maternidades, etcétera. Si se logra caer mejor que los demás de su lista, el resto es fácil", reconocía abiertamente Guijarro, quien murió poco después en accidente de tráfico. Habría que esperar a la Ley de Adopción de 1987 para que el Gobierno pusiera orden y acabara con esta red de adopciones.

Extractos del artículo publicado en El País 06/03/2011, Jesús Duva / Natalia Junquera

En todo el territorio, es de muy antaño conocida la historia del hombre del saco. Convencionalmente, la historia acabó usándose para inducir a los niños a que no revolotearan ante las indicaciones de los padres en cuestión, generalmente para que se durmieran, "o si no viene el hombre del saco..."
No obstante, si estos son los sucesos sucedidos durante mediados del siglo XX en adelante, es fácil saber por intuición cómo serían durante el medievo, así como en la atrasadísima y deplorable realidad de la España de los siglos XVIII y XIX, de cuando data la historia desencadenada al respecto del hombre del saco. En las zonas rurales, bastaban un par de creencias para que los santos perpretaran tales hazañas de seres superiores que les caracterizan. La violación de niños, así como su trata y muerte en fábricas, no será muy necesario ahora decir que ni denunciable ni percatable por sus sufridores, ya que siempre fueron designios divinos perpretados por sus enviados.
Durante la Ilustración y la España romántica, se expulsó de la educación y del cuidado y trata de los niños a estos dementes decadentes y no fuera de extrañar, por solventar el atraso y lastre que suponían ante todo aspecto. Los registros civiles, catastros y escuelas pasaron a ser gestionados y funcionados por el país y sus ciudadanos, y se atisbaron vestigios de futuro. No me parece necesario señalar la hipocresía evidente que resulta de su superficial y vacío discurso al respecto del aborto de estos enviados divinos. -Probablemente a la niña de catorce años a la que habría que suceptible de caso abortivo por razones obvias venga violada por ellos. Estos mafiosos, a los que han contado que tienen visado preferente y a constancia de su sensación de pequeñez e ínfima capacidad que aceptarían tal bulo a creerse como buenamente pudieran, vienen ante su vacío y pose de sumisión como si dios o satán o papá Noel les hubiera tocado del hobro, y es el más soez espectáculo tener que asistir al circo obligados por y sin más razón que la cercanía y cotaneidad.
En su "intimidad" (versión no pública, capacidad de intimidad no tienen más que vacío) dan bandazos entre divinos y la maldad. Y divino y maldad son patologías que sólo intenta vender un enfermo por concepto. Cuando no están dando lástima, son muy malos y poderosos, y andan sobrecompensando su insufrible realidad de la que hacen desesperadamente todo lo posible por no saber nada. Luego se visten de hábitos.
En cualquier de tales siglos, eran de inquisición las ciencias biológicas como las del cosmos. Los médicos eran perseguidos, como aquellos de los telescopios y de los microscopios. Los pensadores sólo existían en ridículo prcentaje entre la burguesía y eran también perseguidos, porque contradecían a dios, y era cierto, solo que ellos no negaban nada, símplemente describían y exploraban la naturaleza y los seres, el conocimiento, etc. pero esto evitaba que estos tuvieran capacidad existencial. Es sencillo. Sin los seres humanos, estos muertos en vida cegados de toda interacción y de capacidad intelectual y cognoscitiva serían a todas luces descubiertos la innecesaria nimiedad que se sienten en un momento a solas, cuando la psicopatología no es suficientemente efectiva. Dependiendo del tipo y clase de mediocre de seas, así como de t represión o impotencia, descargará en perturbación sexual y en la carencia de integridad manifiesta psicológicamente en los procesos sumisos en sobrecompensación ficticia irrelevante del sadismo. Violar a un niño nace desde la psicopatología de verles e identificarles como débiles. después sólo viene la descarga sexual y el intento compulsivo de esconderse de sí mismos. Y cualquier individuo en sociedad está rodeado y lleno de espejos.
Todos los que lleváis vuestros hijos a centros "educativos" religiosos por imagen social sois unos deplorables, que mientras vuestro hijo os convenga os haréis de padres. Y en dado que no tenéis vínculo alguno, real mucho menos, con aquel, si mañana el niño se os vuelve o piensa o cualquier caso, renegaréis y sólo acometeréis la apariencia. Les estáis condenando premeditadamente a su perpetuo estancamiento mental y a la incapacidad de naturalidad e inocencia, luego intentarán concebir el daño como la intervención con la que se les compensa; torturados a vacío y envidias. Y les enviáis a la incapacidad a manos de los santos, y no existe cualidad más baja ni barata que la de santo.
Estos seres de infancia desraizada y desquiciada, se convierten luego - y salen preparados y finos- los que habrá que soportar, en los que andarán dando por culo, y necesitando un alrededor lo suficientemente mediocre como para verse a la altura de algo. A tanto vacío, primero annularan la poca capacidad cognoscitiva que les queda, y allí donde la realidad se manifiesta y no puede ser reprimida, se solventará con la psicopatología. Entonces sobreviene la inutilidad e inmenso vacío. Una vez en interacción con lo que les rodea, se retorcerán en envidias e inquisiciones, en saqueos y lo llamarán sobrevivir, primero, y luego vivirán de intentar creerse la imagen de superioridad, arrastrándose y siendo ridículos. Les basta con que nadie lo sepa o sea capaz de saberlo luego. Y a esto, señores le llamamos religión.
Doler a la criatura vecina sólo demuestra sus ganas de vivir y evidencia su vitalismo, no define nada de tí, más que una psicopatología, y un insufrible tiempo que pasa inecesario, aburrido fingido e innecesario.
La tierra gira en torno al Sol en elipse, el Sol interacciona los electrones de sus moléculas, la interacción es libre y plena y esto sólo son palabras que describen la existencia. Escondéos. No existe nada más elevado ni a salvo que vosotros, ni mayor consuelo de tu realidad. Escondéos.

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